¿En qué ha consistido la colaboración de Cáritas Diocesana de Valencia con vuestra tarea en La Mosquitia?
En un principio, y tras el huracán, Cáritas Diocesana colaboró en la creación de centros de capacitación para la población indígena. Sin embargo, el trabajo más importante ha sido el apoyo para elaborar un estudio de la realidad que nos ayudara a implantar una pastoral social organizada.
¿Cómo es La Mosquitia? La Mosquitia es un territorio muy extenso, de unos 16.000 kilómetros, junto a la Reserva de la Biosfera del Río Plátano, donde habitan unas 80.000 personas, la mayoría de las cuales (90%) son indígenas. Se trata de una zona bastante aislada y de poco interés político para el gobierno hondureño.
¿Y los Misquitos, sus habitantes?
El 25% de la población de Honduras es indígena, pero la mayor parte de las otras etnias o son muy minoritarias o han sido asimiladas. No ocurre así con los Misquitos, que tienen una identidad muy fuerte, una lengua propia y un sentido muy fuerte de la propiedad de la tierra, aunque sus tierras no están legalizadas. Por eso, la zona es considerada una Vicaría aparte dentro de la Diócesis, con permiso del obispo para llevar a cabo una pastoral independiente, que se centre en el trabajo con esta población.
¿En qué se está centrando ahora el trabajo pastoral?
En la actualidad, estamos trabajando en la formación de líderes y en la creación de equipos. Nuestro interés, además, es que las comunidades católicas tomen conciencia de la necesidad de trabajar de forma solidaria. La forma de vida indígena facilita el trabajo comunitario, porque se apoya en una familia extensa que colabora unida. Nos interesa sobre todo, rescatar esas costumbres que están en sus propias tradiciones y que les pueden ayudar, porque fomentan la organización y la autoayuda. Por ello estamos desarrollando cursos para concienciar a los líderes sobre estos asuntos. También impartimos talleres sobre qué significa Pastoral Social, en qué consiste la de la Iglesia, etc. Se trata de un trabajo a largo plazo que busca producir la concienciación.
¿Cómo ha sido la ayuda de las ONG que han estado en la zona?
En La Mosquitia hemos tenido la suerte de contar con muchos proyectos de ONG's que son muy útiles mientras duran, pero son demasiado puntuales. Cuando termina el proyecto, las comunidades se convierten en cementerios de proyectos.
¿Cómo están?
Se han creado ocho equipos que se ocupan, cada uno de ellos de una zona de todo el Vicariato. Cada equipo está formado por unas siete u ocho personas. Ellos mismos llevarán a cabo un discernimiento de la zona que les ha tocado y dirán en qué aspectos hay que centrarse.
¿Cual es la tarea de los Padres Paules allí?
En la actualidad, además de los cuatro sacerdotes paules, se encuentran en La Mosquitia siete Hijas de la Caridad y otras tres Hermanas de la Caridad. De forma no permanente, han colaborado con nosotros seminaristas y laicos, que han participado como voluntarios. Nuestro trabajo pastoral es, principalmente el de acompañamiento a las comunidades, siempre teniendo en cuenta el respeto a la identidad de los habitantes de la zona. Por eso, una de las mayores dificultades con las que nos encontramos es el aprendizaje de la lengua, que es bastante complicada, pero es fundamental a la hora de acompañarlos.
¿Podrán estos pueblos alcanzar algún día la autonomía?
El trabajo que está haciendo la Iglesia allí es para lograr que las comunidades sean cada vez más independientes. Hay signos de que se dan cuenta de que lo que ellos no hagan no se hará. Por ejemplo, tras el Mitch, ellos mismos se ocuparon, por ejemplo de la construcción de nuevas Iglesias. Sin embargo, para que logren ser autónomos de verdad tiene también que cambiar la mentalidad paternalista de los que ayudamos. Tenemos que dejar de ver a los indígenas como inferiores o pobres. Son diferentes, sí, pero tienen recursos, que también son distintos a los nuestros. También tenemos que ser conscientes de que no van a hacer las cosas como las haríamos nosotros, pero, a pesar de ello, pueden hacerlo. Ellos mismos también tienen que cambiar de mentalidad, y convencerse de que son los que tienen que cambiar las cosas.Y finalmente, las políticas de los gobiernos (también las ONG), que usan las ayudas para su propio beneficio, para ganar votos o para tener contentos a los líderes de la zona y que no promuevan protestas contra el propio gobierno.