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En las gráficas podemos observar a los feligreses y a los agentes de pastoral de la parroquia San Vicente de Paúl, San Pedro Sula, Honduras, con sendas parcartas en plena marcha por la paz.
La actividad se llevó a cabo el 14 de mayo, 2008, miércoles, y participó, además de las parroquias de la diócesis, presidida por el obispo Ángel Garachana, la población en general.
Un comité de paz activó, con el apoyo de los medios de comunicación, Iglesia Católica y otras fuerzas vivas de la ciudad, toda la organización de la marcha pacífica.
Por primera vez, después del año 2000, año jubilar, la iglesia diocesana, salió a las calles, esta vez, para proclamar proféticamente la paz y la justicia ante un clima de agresión, vilencia y muerte. |
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AGRESIONES A LA PAZ
Uno de los retos más grandes que tiene Honduras en estos momentos es lograr un clima de paz. Forzosamente nos hallamos en una tesitura en la que no podemos volver la vista a un lado, so pena de vivir en el caos.
La paz no es ese deseo casi romántico de dejar de oír disparos. ¡Qué fácil sería acallar las armas y conseguir así la paz! Llegar a conseguir la paz es mucho más que evitar el uso de armas de fuego, por supuesto.

La paz se ve agredida por la carestía de productos básicos, por el aumento de precios a los artículos, bienes y servicios. La paz se ve severamente amenazada cuando una persona es mal pagada en su trabajo, con lo cual ni se sostiene ni puede sostener el hogar; menos permitirse un capricho.
No es posible vivir en paz mientras unos hacen clavos de oro con la educación y quedan niños estudiando bajo un árbol o bajo pésimas condiciones. No digamos si revisamos la picardía, descuido e irresponsabilidad de numerosos profesores que ni siquiera se esmeran en preparar las clases o por actualizarse. No puede reinar la paz cuando en los pasillos de los hospitales los pobres esperan horas para ser atendidos o son remitidos –comisión jugosa de por medio- a laboratorios o farmacias.
No puede haber paz mientras jueces, abogados y fiscales acomodan, como agua al vaso, la ley para su provecho, dando así manga ancha a los delincuentes de cuello blanco. ¿Cómo va a haber paz si la policía está infiltrada por sujetos que perjudican el bien social? Nunca.
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No puede haber paz si no hay una visión sostenida de desarrollo. En esto los gobernantes tienen un grave compromiso. Tienen, asimismo, el deber de ser sinceros y tenaces en la consecución de una Honduras más desarrollada. Y, claro, el malhadado criollismo de medrar del estado tiene que terminar.
Como nos hace falta la paz en todos los sentidos y orientaciones que hemos dicho se hace, en verdad, difícil obtener otros elementos que permiten lubricar la vida social. La paz se labra en la justicia y de ahí van a surgir otros valores para la vida, tales como la confianza, el respeto, la honestidad, la dedicación, etc.
La paz, como todas las cosas de valor, cuesta mucho, pero de que es posible obtenerla, es posible. ¡Entre todos podemos! Tengo una pregunta: ¿qué estoy dispuesto a dar, desde mi condición, para lograr la paz? |
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