Para despertar el entusiasmo de los agentes de pastoral, se programó una reunión al caer la tarde. En esta reunión al misionero abría el diálogo con los presentes con el fin de escuchar sus preocupaciones y sus necesidades. El sacerdote párroco siempre estaba en presente, con una actitud de escucha total y rara vez intervenía, salvo para reafirmar una de sus convicciones pastorales.
De las reuniones se dio respuesta a una necesidad pastoral de la parroquia, a saber, la Pastoral de la Salud. Nuevas personas, algunas de ellas acababan de hacer su experiencia de visita a los enfermos a domicilio, descubrieron que podían prestar sus servicios pastorales en esta área. También la feligresía concluyó que, a pesar de las dificultades y de la realidad matrimonial de las familias de hoy, era importante trabajar la pastoral familiar, muchos matrimonios –cerca de veinte- determinaron formar un grupo de matrimonios por edades.
Durante el período de Misión el misionero se desplazaba, acompañado con algunas personas voluntarias, a visitar a los enfermos, darles el Viático y, en algunos casos, el sacramento del perdón.
Hubo ocasión de visitar, junto al párroco y al equipo misionero de la parroquia, un centro de menores y el colegio que está en la demarcación parroquial.
Por las noches, después de las reuniones con los diferentes grupos, venía la celebración y predica del día, más que para el gran público, para los mismos agentes de pastoral. Todo, reuniones y prédicas estaban al servicio de despertar en la comunidad que ella misma era protagonista de la evangelización, de la liturgia y la caridad.
Al término de la Misión Parroquial quedó el reto, sobre todo para el sacerdote párroco y el Consejo Pastoral, dar seguimiento a aquellas resoluciones y líneas de acción que fueron surgiendo durante el período de animación y evangelización.
Misión Parroquial desde dentro, una forma actual de ofrecer como paúles nuestro carisma misionero. Esta manera de potenciar la dimensión misionera de la Iglesia es posible realizarla en tiempos cortos sin grandes pretensiones. Les haríamos un gran bien a los párrocos con tan sólo levantar los ánimos, la ilusión y la alegría de sus agentes de pastoral. Sobre la base de lo que ya hay potenciar la evangelización. Eso es todo. Esta es la lección que saqué de la Misión Parroquial de Andujar.