Residencia de Ancianos Margarita Nasseau

El Programa Margarita Nasseau nació concretamente el 7 de julio, 1997. En ese tiempo la comunidad de JMV estaba terminando su proceso catecumenal y tenían que plasmar su compromiso de vida. Tenían la ilusión de vivir la experiencia misionera de servicio al pobre, una de las cosas que habían aprendido en el catecumenado de Juventudes Marianas Vicencianas.

 

En el retiro que tuvieron para dar el paso a "Adultos JMV" concluyeron que debían inclinarse al cuidado de los ancianos, una realidad bastante a la deriva en San Pedro Sula.

Para aquel entonces había muchos ancianos abandonados y a la gente no les gustaba atenderlos. Esta percepción fue más clara a partir del contacto con el Asilo de Ancianos "Perpetuo Socorro" del barrio Medina de San Pedro Sula, perteneciente a la Municipalidad. La comunidad JMV adultos miró que no se les cuidaba bien por la gran población de ancianos en el Asilo. Cuantos más ancianos hay en un asilo, menos se les cuida. Esto fue el detonante que motivó a los jóvenes vicentinos que, en aquel tiempo, tal vez por muy jóvenes, pensaron que iba a ser muy fácil embarcarse en la tarea de cuidar ancianos.

Había que empezar con algo. La comunidad JVM empezó a construir lo que sería el Hogar de Ansianos Margarita Nasseau. Costó casi tres años levantar el edificio con la ayuda de donaciones. Durante la construcción los jóvenes salían a pedir donaciones, pero se apercibieron de que cuesta mucho que la gente dé ayudas para ancianos. Esta fue la principal razón por la que tardaron casi tres años en terminar las obras de infraestructura. Fue en el año 1997 que pudieron abrir el Hogar de Ancianos.

El Objetivo: cuidar y ayudar a los ancianos, darles un lugar digno donde vivir, darles cariño, tratarlos lo mejor que se pudiera; darles una digna sepultura. Los beneficiarios directos son los ancianos; los beneficiarios indirectos, las personas que van a estar con ellos, pero también los mismos jóvenes salen beneficiados escuchando las vivencias de los ancianos.

 

 

Cuatro parejas, y un seglar soltero, de Adultos JMV están al frente el Hogar Margarita Nasseau. Como Equipo velan que todo funcione bien dentro del Hogar de ancianos. Cada uno va aportando su granito de arena para que el proyecto siga adelante y funcione cabalmente.

Durante durante el año realizan muchas actividades para agenciarse fondos, tales como ventas de comida, bingos, bazares con ropa de segunda. Reciben, previa gestión, donaciones locales y del extranjero. También la Asociación de Padres, Provincia de Barcelona, aporta mensualemente una cuota. Adicionalmente, hay personas que ayudan gracias a la canalización de la Asociación de Padres.

Los Paúles son los encargados directos, según el organigrama del programa, de la residencia de ancianos. Ayudan en todas las necesidades económicas, a la conservación del carisma de servicio al pobre, en el caso de JMV, para que no pierdan esa nota. Motivan en el carisma. No es que se olvide el carisma, sino los que están pendientes de refrescar la vocación vicentina.

Un logro importantes ha sido haber mantenido hasta ahora la Residencia. Son 10 años de existencia. En dos lustros muchas cosas han pasado, y gracias al Señor, no les ha faltado lo esencial a los ancianos. De ahí la lección de confiar en la Divina Providencia que no abandona de la mano a quienes le sirven con alegría.

Hasta hoy el Equipo del Hogar Magarita Nasseau ha contado con la asesoría del P. Superior de la Comunidad de Padres en Honduras. Recientemente Antonio Sánchez anima y asesora a dicho Equipo.

 

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La dificultad más crítica es la económica. Lo demás no, ha habido apoyo de la gente, de los grupos, de la parroquia Resurrección, de los Padres Paúles.

A pedir de las penurias económicas, queda la satisfacción de darle a los ancianos lo que han necesitado. Por ejemplo, darles los gustos que jamás ellos han tenido como "cortarles las uñas de sus pies", "tomar leche", "dormir en una cama", "que alguien les abrace" porque nunca conocieron una caricia o un abrazo. Según el testimonio de Lilian Mejía, Coordinadora, esta es una de las mayores alegrías.

No todo son "aleluyas", la impotencia más grande es no poder ingresar más ancianos porque no hay dinero, no poder contratar más personal para que los atienda como se merecen. El dinero no es lo más importante, pero para atender a los pobres a veces hace caer en la frustración.

El Equipo de Parejas de Adultos JMV ha trabajado con amor, porque quieren que el proyecto siga. Queda el anhelo de fe y esperanza de ensanchar los servicios a los ancianos. "Siempre he tenido la esperanza -dice Lilian Mejía, coordinadora- de que un día estén ocupadas todas las habitaciones, construidas para ellos, pero que, por la cuestión económica no pueden ingresar más ancianos; tengo la esperanza de que se les pueda dar mayor felicidad, amor, cariño, atención; que los días que les quedan de vida los vivan sintiendo que viven con diginidad".