El aviso nos llegó por una llamada desde la Residencia de las Hijas de la Caridad del Refugio de Obreras al darse cuenta que el Capellán, siempre puntualísimo, tardaba en llegar para la celebración de la Eucaristía. El superior al recibir la inesperada noticia, lo primero que prudentemente hizo fue subir rápidamente a la habitación del P. Botella. Lo encontró en la cama, quizá con un gesto como de intentar salir de ella, pero el cuerpo ya estaba totalmente inmóvil, todavía algo caliente. Seguidamente fueron el P. Visitador y algunos otros miembros de la Comunidad que acudimos a ver el cuerpo exánime de nuestro apreciado, afable paciente, enfermizo cohermano, en sus últimos años, pero no por eso menos dispuesto a prestarse para el ministerio de la atención a las Hijas de la Caridad.
Hacía como una semana que nos iba repitiendo que no se encontraba muy bien, con problemas estomacales, empezando alguna dieta en el comedor y sobremesa, y tomando remedios que no le calmaban. Pero él mismo y todos sabíamos que su principal problema físico y probable causa de su fallecimiento de serios problemas del corazón a finales de enero del año 2002, durante su destino en Valencia, como comentaremos mas adelante. Padecía también desde hacía tiempo de diabetes que por una parte se medicaba diariamente, pero por otra parte no era demasiado precavido en evitar el consumo de algunas gustecitos fuera de casa.
Por su piedad, su devoción a Virgen reflejada como nos había comentado en la sobremesa, precisamente pocos días antes de fallecimiento, en el rezo del santo rosario que empezaba al encender la luz de la imagen de la Virgen Milagrosa del recibidor al inicio de su salida hacia la capellanía del Refugio de Obreras y otras muestras que se irán mencionando más adelante, se había evidenciado en la persona de nuestro biografiado. La recomendación del Maestro cuando advertía a sus oyentes de la necesidad de estar siempre en vela, pues no sabemos ni el día, ni la hora en que nos puede llegar la llamada de dar cuenta de nuestras obras, de nuestro amor a Dios, de quien procede nuestra vida. Sin duda que el P. Rosendo era muy consciente de este consejo evangélico y su comparecencia ante el Creador sería benigna, como lo había sido él mismo con las personas que tuvimos la oportunidad y privilegio de convivir, o simplemente comunicarnos con nuestro estimado, amable, acogedor, servicial cohermano.
BREVES NOTAS BIOGRÁFICAS
Hijo de Rosendo Botella y Antonia Leal, el P. Rosendo Botella Leal empezó su peregrinar cristiano el l2 de abril de 1935 en el pueblo alicantino de Novelda-Estación. Dos semanas más tarde recibió el sacramento del bautismo. La confirmación le fue conferida a la edad de 11 años.
VOCACIÓN Y ESTUDIOS
Cuán diversa debe haber sido para cada uno la llamada a la vocación misionera, como seguidores del gran Maestro de la Caridad. Con 15 años de edad sintió la llamada del Señor al descubrir repetidas veces en la película “Monsieur Vincent, las múltiples y variadas obras de misericordia de aquel humilde, abnegado sacerdote. Ello le animó, cierto día a realizar su deseo de viajar, sin avisar a su familia, a ciudad de Elche donde le habían dicho que existía una comunidad de misioneros fundados por Vicente de Paúl. Encuentra la iglesia dedicada a san Juan, y allí es recibido, primeramente disentidamente por el vicario, pero más tarde vuelve a la parroquia donde es atendido interesadamente por el muy amable párroco, el padre Mateo Coll. El joven, más animado, le expone sus deseos de ser admitido a una Congregación fundada por aquel personaje extraordinario que había admirado en la película. El buen P. Mateo le siguió explicando el carisma vicenciano y despejando el camino vocacional.Continúa >>>>>>>