LA FAMILIA VICENCIANA
Y EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO CON EL ISLAM
Surabaya (Indonesia), 7-17 de agosto de 2011
Surabaya (Indonesia), 7-17 de agosto de 2011 Compartir desde lo vivido en este encuentro, donde participaron casi 70 vicencianos de 34 países diferentes, significa hablar de las diferentes formas de conocimiento del tema: estudio, visitas para el contacto directo y la reflexión en grupos y asamblea. Todo ello me ha mostrado que el diálogo interreligioso es sobre todo una actitud de vida, más que unos determinados conocimientos teóricos. Pero al mismo tiempo veo que este dialogo interreligioso puede concretarse de diferentes formas:


Desde un diálogo realizado por personas más especializadas en filosofía, teología, y otras áreas del conocimiento humano, que profundizan en los documentos históricos y en las posturas y pensamientos presentes. Ellos van marcando caminos, tendencias, en sus publicaciones y documentos oficiales. Desde la vida misma de las comunidades y personas creyentes que forzosamente necesitan relacionarse y colaborar entre si; especialmente para nosotros como vicencianos, un diálogo basado en la caridad. Las aportaciones recibidas durante este encuentro por personas católicas y musulmanas, que han dedicado su vida al estudio y enseñanza de este tema, nos ha dado nuevas herramientas y nos ha aportado un bagaje importante. Por citar algunos ejemplos de ello:

La Dra. Siti Musdah Mulia nos mostró desde su postura de creyente musulmana, pero también desde su visión de profesora universitaria y mujer profundamente implicada en la política del país y los movimientos sociales pro-derechos humanos, como la capacidad de autocrítica hacia la propia religión es un paso indispensable para comenzar un diálogo. Mostró la confluencia en las aspiraciones por los derechos humanos básicos que pueden darse en las dos religiones; aunque, para ello hace falta tener el valor de reflexionar y re-interpretar continuamente los principios de nuestra fe, católica o musulmana, que van contra los derechos fundamentales de la persona. Su exposición fue una muestra de la necesidad de implicación de personas creyentes en el campo de la política, no con el fin de buscar
el poder para una determinada religión, como sería el caso de los estados islámicos actuales, sino con el fin de que se respeten y salvaguarden, como una riqueza, los valores religiosos de una población que tiene diferentes credos.

Con la ayuda del profesor de la Universidad Gregoriana, el P. Felix Körner, S.J., pudimos clarificar los objetivos y las limitaciones del diálogo interreligioso, así como el esfuerzo que desde la Iglesia se está haciendo en este diálogo. El diálogo interreligioso no va a ser por si mismo suficiente para alcanzar la paz entre cristianos y musulmanes, donde estos se encuentran enfrentados violentamente. Hemos de ser conscientes de ello, ya que esa paz que tanto ansiamos depende también, y principalmente, de muchos otros factores y poderes, económicos y políticos, que usan la religión como una “arma” para conseguir sus objetivos.

A pesar de ello, si que podemos depositar esperanzas justificadas en este diálogo. Por medio de él podemos lograr:
1. Llegar a acuerdos en cuestiones prácticas que se refieren a la observancia religiosa, que pueden ser causa de enfrentamiento entre comunidades religiosas que comparten un mismo espacio geográfico.

2. Podemos llegar a entender por qué ve las cosas el “otro”, de religión diferente, como las ve.

3. Podemos llegar a descubrir cosas nuevas, al entender mejor sus intuiciones religiosas, sus creencias y prácticas. Entender el punto de vista del “otro”, sobre nuestra fe, puede también hacernos cambiar a nosotros.

4. No descartamos en el diálogo interreligioso la esperanza de que también el “otro” pueda descubrir a Cristo como salvador del mundo, aceptar el cristianismo como su religión; es decir, la conversión. Esta esperanza no será problema para el diálogo con tal se respeten algunas condiciones: estar abierto a esta posibilidad, pero no usar ninguna argucia o presión sobre el otro; no sentirse ofendido, ni perder el interés sobre el otro si él no acepta esta esperanza. sigue>>>>>
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